Homenaje a Marjorie Agosín, (1955-2025) poeta, narradora, académica, educadora y activista en el campo de los derechos humanos y los derechos de las mujeres–judía-chilena-norteamericana/Homage to Marjorie Agosín (1955-2025) Chilean American Jewish Poet, Fiction Writer, Academic, Educator and Activist in Human Rights and Women’s Rights

Marjorie Agosín

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El 7 de octubre – Poemas
Memorias trenzadas – Poesía y fotos

Como tantos otros que la conocieron, yo quería mucho a Marjorie. Solo nos veíamos de vez en cuando, en sus lecturas en Cambridge y Maine, y en mis visitas a su casa en Wellesley. Pero siempre que la veía, nuestra conversación parecía retomar el hilo donde la habíamos dejado. Marjorie me decía que sentía a sus familiares fallecidos caminar con ella; podía acudir a ellos en busca de consuelo y consejo. Echaré de menos su consuelo y sus consejos.

Por Steve Sadow, Director del Blog

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Like so many others who knew her, I loved Marjorie. We only saw each other from time to time, at her readings in Cambridge and Maine and my visits to her home in Wellesley. But whenever I would see her, our conversation would seem to begin where we had just left off. Marjorie told me she could feel her deceased relatives walk along with her; she could turn to them for comfort and advice. I will miss her comfort and advice.

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Por Ruth Behar, Profesor de Antropología. University of Michigan

Un tributo a Marjorie Agosín

Escribo esta esquela con el corazón roto para recordar y rendir homenaje a mi amiga, la renombrada poeta y escritora Marjorie Agosín. Hace apenas unos meses hablábamos por teléfono sobre la idea de esperar hasta los 70 años para dejar la vida laboral, y ella me dijo que después ya no quería viajar, solo quería quedarse en casa y escribir.

Marjorie falleció el 10 de marzo de 2025, a los 69 años, solo tres meses antes de su setenta cumpleaños, en su hogar en Wellesley, MA. Luchó contra el cáncer durante casi un año, eligiendo con coraje mantener secreta su enfermedad, compartiéndola solo con su esposo. Escribió hasta el último día de su vida.

Cualquiera que esté familiarizado con la inmensa obra de Marjorie estará de acuerdo en que hemos perdido a una gigante de la literatura en el ámbito de los estudios Judeo-Latinoamericanos. Sin duda, se destacó como la poeta y escritora Judeo-Latinoamericana más elocuente, erudita, profunda y prolífica que residía en los Estados Unidos.

Su voz fue esencial en la redefinición de la frontera entre America y América, desafiando todas las suposiciones establecidas con anterioridad.

Fue una figura clave en la fundación del campo de la escritura judía latina y la escritura judía latinoamericana, tejiendo originales conexiones entre patrias y diásporas. Mucho antes de que se volviera un tema más frecuente, puso de relieve la singular hibridez de la identidad Jewtina y construyó una comunidad literaria para escritoras que compartían este legado mixto.

En sus múltiples e impresionantes facetas como poeta, narradora, editora, académica, educadora y activista en el ámbito de los derechos humanos y los derechos de las mujeres, Marjorie sobresalió como escritora creativa, pensadora valiente y mujer de integridad, pasión, generosidad y brillantez.

Fue una fuente de inspiración y fortaleza, un modelo a seguir para las latinas en el mundo académico que, como ella, sentían orgullo de su herencia judía. Creía en el poder de la escritura como un medio para buscar justicia y fue reconocida por su labor con un premio excepcional y prestigioso de las Naciones Unidas, que le otorgó el Leadership Award in Human Rights.

Nacida en Bethesda, Maryland, en 1955, Marjorie Agosín creció en Chile, adonde regresó con apenas tres meses de edad junto a sus padres, Moisés Agosín y Frida Halpern, una familia judía chilena.

Se establecieron en Santiago, rodeados de su familia extendida, y vacacionaban en El Quisco, un pueblo cercano a Isla Negra, donde alguna vez residió Pablo Neruda. Junto a su hermana Cynthia (n. 1952) y su hermano menor Mario (n. 1963), Marjorie pasó su infancia y primera adolescencia en Chile durante la década de 1960, estudiando en el Instituto Hebreo de Santiago de Chile.

En 1971, a los dieciséis años, Marjorie se trasladó con su familia a Athens, Georgia. Su padre, médico y bioquímico, aceptó un puesto como profesor de química en la universidad, sin imaginar cuánto tiempo permanecerían allí. Sin embargo, tras el golpe militar de Augusto Pinochet y el derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende, la familia comprendió que no podría regresar a Chile.

Marjorie, se sentía fuera de lugar en Estados Unidos, donde constantemente tenía que explicar su identidad a personas que no entendían cómo podía ser rubia, hablar español sin parecer latina y, además, ser judía.

Escribía cartas a sus amigas en Chile, evocando flores, fragancias y todo lo que había perdido. Con el tiempo, al asumir la escritura como su vocación, comprendió que era una escritora en el exilio, para quien “la memoria se convierte en su aliada más preciada, así como en su obsesión más perturbadora”, como expresó en su libro de ensayos Ashes of Revolt  (1996). 

Obtuvo su licenciatura en Filosofía y Literatura Española en la Universidad de Georgia en 1976. Posteriormente, en 1982, completó su maestría y doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Indiana.

Ese mismo año, comenzó a enseñar en el Departamento de Español del Wellesley College, donde ofreció cursos sobre escritoras judías, América Latina y escritura creativa. Con el tiempo, fue distinguida con el título de Andrew Mellon Professor in the Humanities.

Disfrutaba impartiendo seminarios pequeños en Wellesley y estableciendo vínculos cercanos con sus estudiantes. Sin embargo, nunca dejó de regresar a su amado Chile, que la honró con el Premio Gabriela Mistral a la Trayectoria Distinguida.

Marjorie escribía en español. Siempre en busca de un hogar, un tema que impregnó toda su obra, encontraba en su lengua materna el refugio más auténtico, aunque en su infancia escuchó hablar en yidis, dominaba el hebreo y hablaba el inglés con un acento musical. Eligió que sus textos fueran traducidos al inglés para sus lectores en Norteamérica. Quería ser reconocida a través de la traducción, ser una mujer traducida. Como expresó en El alfabeto en mis manos: una vida de escritura (1999): “Soy una escritora judía que escribe en español y vive en América”.

Exploró múltiples géneros, desde la poesía hasta la memoria, el ensayo, la narrativa y la literatura infantil. Su voz era lírica en cualquier forma de escritura, y la poesía era indispensable en su vida. En sus versos abordó los temas de la memoria, la historia, la pérdida y el exilio, centrándose a menudo en los deseos y sueños de las mujeres.

No evitó los temas difíciles: escribió sobre el horror de las torturas, las desapariciones y los desmembramientos ocurridos en Chile, así como sobre su propia conciencia de la culpa del sobreviviente. En Las zonas del dolor (1989), dio voz a una desaparecida, una mujer que decía de sí misma:

“No tuve testigos / de mi muerte, / nadie realizó rituales, escribió epitafios… / y cuando llamen mi nombre / apareceré / porque nunca fui a mi / propio funeral.”

Marjorie veía una conexión entre el genocidio perpetrado por las dictaduras latinoamericanas en los años 70 y las víctimas judías del genocidio nazi.

Este tema aparece en sus escritos sobre Ana Frank. Creció contemplando una pequeña fotografía de Ana, que le había entregado su abuelo José, un judío vienés que vivía en Santiago de Chile. Al escribir los poemas de su libro Querida Ana Frank (1994), se convirtió en la niña a la que había mirado durante tanto tiempo: “Soy Ana Frank, / tengo trece años / pero también miles de años. / Huelo a humo y vejez / cubriendo los rostros del miedo.”

Sintiendo un vínculo espiritual con el exilio de los sefardíes, escribió una serie de poemas oníricos en Las islas blancas (The White Islands, 2016), en los que lamenta la expulsión de los judíos de España y al mismo tiempo que celebra las memorias imborrables que dejaron.

Se inspiró en conversaciones con descendientes que encontraron un hogar en Salónica y en las islas griegas de Rodas y Creta, así como en los Balcanes, lugares a los que viajó para conocer las historias de muchos que perecieron en el Holocausto.

“Solo quise escribir sobre ellos,/ narrar su feroz audacia,/ sus travesías por los corredores del Mediterráneo.” Marjorie amaba los mares del mundo y era consciente de las penas que guardaban. Escribió: “Se llevaron a todos los judíos de Rodas/ en un día soleado, como todos los días apacibles del mar Egeo.” Y se preguntó: “¿Qué hay más allá de las palabras?/¿Qué miras más allá del horizonte,/ donde el mar se funde con el cielo?”

Luego, durante la pandemia de Covid-19 cuando viajar no era posible, encontró la lucidez para escribir Más allá del tiempo de las palabras (Beyond the Time of Words, 2022), con el propósito de brindar consuelo a los lectores y ofrecer un santuario de poemas. Capturó la desesperación de aquel tiempo en estos versos conmovedores: “Solo la ausencia habita en mí,/ todo lo que fue y lo que no será,/ cosas arrebatadas y olvidadas./ Poseo el alma de un náufrago/ que todo lo anhela.”

Las voces y las historias de sus ancestros siempre estuvieron cerca de su corazón, entre ellas las de sus bisabuelas, quienes escaparon de Viena y Odesa para encontrar un nuevo hogar en Chile.

Lamentablemente, el antisemitismo del que huyeron las siguió al otro lado del mar, avivado por los colonos alemanes que se establecieron en el sur de Chile y por los criminales de guerra nazis que llegaron después de la Segunda Guerra Mundial.

Marjorie también escribió sobre muchos otros miembros de su familia: sus abuelos, sus tíos y tías, cuyas historias quedaron grabadas en su memoria. Sus memorias, Una cruz y una estrella: recuerdos de una niña judía en Chile (1997; 2022) y Siempre de otra parte: mi padre judío (1998), son relatos conmovedores de la vida de su madre y su padre.

En estas obras, buscó expresar la importancia fundamental de dar testimonio tanto del trauma como de la resiliencia judía. En Una cruz y una estrella, narrada en fragmentos que reflejan el vaivén de la memoria, dio voz al peso del miedo intergeneracional que cargaban su madre y otros miembros de su familia:

“En las pesadillas, los judíos sueñan con estaciones de tren flotando entre la niebla y con puertas que se cierran contra las cenizas.”

Entre las exigencias de la docencia y su propia escritura, Marjorie mantuvo un firme compromiso con la difusión de la obra de escritoras judías latinoamericanas, acercándolas a lectores de Estados Unidos y del mundo.

Las numerosas antologías que editó son testimonio de su esfuerzo por construir comunidades de escritoras y explorar las diversas formas en que la identidad judía se narra en distintos contextos latinoamericanos. La casa de la memoria: relatos de escritoras judías de América Latina (publicada originalmente en 1999 y reeditada en 2022) fue la primera antología de su tipo en inglés. En ella reunió treinta relatos de escritoras judías de diversas nacionalidades, entre ellas México, Argentina, Chile, Brasil y Cuba. Posteriormente, publicó un volumen dedicado a la poesía, Las hijas de Miriam: poetas judías latinoamericanas (2001), que permitió a los lectores descubrir una asombrosa diversidad de voces poéticas.

Su curiosidad por las historias de vida de otras escritoras judías la llevó a realizar entrevistas para su libro Viajeras inciertas: conversaciones con mujeres judías inmigrantes en América (1999). Tuve el honor de ser entrevistada por Marjorie y de convertirme en el sujeto de su mirada antropológica, una experiencia que atesoro profundamente.

En años recientes, buscó crear antologías que cruzaran fronteras y dieran voz a inmigrantes y exiliados desde una área geográfica más amplia.

En el volumen Hogar: un paisaje imaginado (2016), reunió a escritores de diversos lugares, incluyendo Grecia, Hungría, Jamaica y Egipto, cada uno narrando el viaje único que los llevó a construir un nuevo hogar en Estados Unidos. Siempre consciente de que los hogares son tanto reales como imaginados, escribió: “El hogar es un barco que viaja incesantemente, que arriba, pero zarpa en los puertos de nuestra imaginación.”

En la última etapa de su carrera, Marjorie se adentró en la literatura para preadolescentes creando la hermosa novela Viví en el Cerro Mariposa  (2012), por la cual la Asociación de Bibliotecas de América (ALA) le otorgó la Medalla Pura Belpré, un reconocimiento a obras que celebran la identidad latina. Más tarde, publicó una impresionante secuela, Los mapas de la memoria: regreso al Cerro Mariposa  (2020), donde abordó el complejo tema del trauma político y su impacto en jóvenes que intentan comprender el pasado y el presente en Chile. Poco antes de su fallecimiento, finalizó el manuscrito de la tercera novela de la serie Cerro Mariposa.

Marjorie tenía una profunda espiritualidad en su forma de vivir. Aunque no era religiosa en el sentido tradicional, su identidad judía era inquebrantable, al mismo tiempo que mantenía una apertura hacia la interconexión y la fluidez entre las diferentes creencias. Como recordó en El alfabeto en mis manos (1999), la celebración de Pésaj en Chile formaba parte de la mezcla de culturas judía y católica con la que creció: “Todo en Pésaj tenía el aroma de violetas, y luego llegaba la Semana Santa, y comíamos pescado del Pacífico que, como el pan ácimo, habían descendido del cielo.”

Marjorie Agosín deja su legado en su esposo, John Wiggins, a quien conoció en la Biblioteca de la Universidad de Georgia en la primavera de 1973; su hijo, Joseph Wiggins Agosín; su hija, Sonia Wiggins Agosín; su hermano, Mario Agosín; su hermana, Cynthia Agosín, y su familia extendida en Chile. También deja una inmensa red de amigas y amigos, colegas, estudiantes y lectores que aman su obra y agradecen el mundo que creó con su imaginación y sus palabras.Hace años, Marjorie escribió un poema, “Más que la paz”,  en Las zonas del dolor, que quizás refleja lo que ella deseaba una vez que partiera. Que todos los que la extrañamos profundamente podamos desearle la paz que ella describió con tanta claridad.

[Traducido al español por Vivianne Schnitzer]

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“Más que la paz”

No quiero nombres

ni tumbas

para mis muertos

ni compartir cementarios

con huesos extraviada

sólo denme

mi colchón de hojas

sólo déjenme

regresar a mis bosque

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Translation by Ruth Behar

Emma Weiss jamás había visto el mar aunque se lo imaginaba cobrizo como los caballos indomables de sus antepasados vieneses y de su madre, Frida Weiss, quien lo llevaba recogidos en un lazo azul como si en guardaba los secretos anudados de sus de sus travesía y rivales. Siempre el mar aparecía como un horizonte insondable o como sueños y con música de fondo de agua que Emma Weiss inventaba cada anochecer en los remotos paisajes Osorno, Chile, donde el silencio y la oscuridad de las planicies pululaban y el silencio, y el silbado de animales presagiaba el cambio y los nacimientos de niños y árboles.

       Su padre había escapado mucho antes de los tatuajes se la guerra; dicen que lo había hecho por un acto de amor y fe.  Enamorado de una exquisita y valiente cantante de cabaret en los trasnochados barrios de la ciudad.  Había decidido a dar fin a ese ilícito amor, y en el mes de junio, cuando era posible pasearse al aire libre y el olor incompresible de las flores silvestres, redundaba la redondez del aire, José Weiss decidió emigrar al último rincón del mundo. Fue a Valparaíso, ciudad de puertos y colinas iluminadas. Entonces se despidió temeroso de Adelina, de sus piernas fugaces y su traje de brillo, ya que presagiaba por su uso enloquecido, sus arrugas insinuantes y vencidas, los comienzos del estropicio, los bombardeos sin sentido y el fracaso indiscutible de toda amenaza y guerra. Se despidieron en la plaza con esa certeza de los que permanecen queriéndose, cercanos a la tierra y a la curvatura de los besos. Eligieron aún la festividad del lugar, donde familias enteras gozaban como si fueran inmortales porque había sol y niños en las bancas de antiguas maderas.

          Emma Weiss se preparaba para viajar a Valparaíso por primera vez, acercarse a oler el mar, verlo alzando y misterioso en todo su esplendor y delirio. También Emma conocería a su abuela Helena, quien había permanecido encerrada en el sótano de la casa de casa de Adelina porque era la madre de José Weiss, porque era judía. Había que cuidar la ciudad, rondar las calles antes de dirigirse al sótano, fijarse muy amanecida que nadie los acechaba y Adelina solía entrar como a hurtadillas para brindar la paz y su sonrisa como alimento que entregaba en las delgadas de Helena.

         Juntas recordaban a José Weiss y cerraban postigos para encender una vela. Iluminar las almas muertas y recordar aquel navegante judío quien llegó como un alma en pena, descendiendo desde lo más hondo de su ahuecado destino a las extrañas faldas de Valparaíso con una hija de meses en los brazos.

        La noche del viaje en tren, desde Osorno hasta Valparaíso, Emma Weiss planchó su vestido de lino color violeta, cepilló una y otra vez su espeso y sombrío cabello par soñar nada más que con su abuela Elena y con el mar. Imaginaba al mar, con la inocencia de las primeras cosas, como cuando se miró desnuda bajo los postigos de su cuarto y se puso bella en una redondez que amanecía. Imaginaba bañada el él, dejando que el agua la llenara de vida y la poblaba de algas, y durmió como si el mar hubiera entrado en sus ojos, como si las historias de terror de los niños enviados en los trenes de la demencia se hubieran hundido en la corteza misma del sargazo.

           En el tren, recorrieron enormes pastizales, animales humildes y derrotados y el olor a humo que impregnaba el paisaje. Ya nadie les recordaba a la Europa partida en dos porque supieron salvarse a tiempo y gracias al amor de Adelina que permitió que José Weiss llegara a las costas chilenas antes de recibir la orden de arresto.

         A Emma le transpiraba la mano. Muy rara vez miraba a su padre, que aún llevaba su sombrero de Vienna y la mirada de Adelina en sus ojos de un verde espeso.

          El puerto de Valparaíso parecía desordenado, como si Dios o los constantes terremotos se hubieran olvidado a propósito de armarlo, y la ciudad parecía más bien un cordel de melenas despeinadas y los cerros eran de tamaño de las personas. Tal vez por eso no le extrañó a Emma ver un ataúd bajando del cerro o una novia corriendo por los pedregales.

         El día era azul intenso y el cielo se confundían. José ya había divisado el barco su madre Elena a quien no había visto desde hace trece años. No pudo dejar de recordar cuando fue ella misma, quien tenía la intuición de una clarividente, le inició a partir y besándole el cuello en silencio, le brindó la bendición del viajero. Pero José Weiss pensaba en Adelina en su blusa brillosa que solía ponerse en noches, antes de los espectros de la muerte y de bombas que parecían palomas negras envestidas de mala fortuna.

          Las manos de Emma Weiss sudaban: ella se desató el lazo violeta y su cabello se asemejaba cada vez m s a las algas cobrizas. Alguien le tiró unas serpentinas y ella tímida las tiró al mar, pensado que tal vez caerían en el cabello de su abuela. Y ahí estaba el mar piadoso, recibiendo a los emigrantes, sujetando las naves y los candados del alma, y ella ya le permanecía porque había soñado que su cuerpo era una cuna de peces en el regazo. Entonces, de pronto, José divisó a Emma Weiss: venía con el mismo sombrero de tul, más pequeña y más delgada su cara, y su pelo, cargaba el recuerdo de muchos muertos. Pero comprendía que se había decidido por la vida y que vería a José con su sonrisa también de verano y sus ojos parecidos a los bosques.

         Ansiosos los familiares tiraban serpentinas. Otros tocaban pequeñas cornetas de papel añejo que resonaban en el esplendor de los cerros. Era extraño y alado Valparaíso, loco en su cordura y al que llegaban los marineros, los que se despedían de los amores y los abatidos cuerpos después de las iras de la guerra.

          Entonces, Elena, digna, erguida, descendió de la cubierta y distinguió los ojos de su hijo, distinguió a su nieta Emma que la miraba con todo el delirio y la ilusión de sus trece años. Los besó tranquila porque sabía que había llegado a tierra segura, les pidió un sorbo de agua, y le entregó a José un pequeño sobre doblado.

         Emma Weiss se sintió feliz de poder de tener a su abuela, de haber abrazado y visto a su padre que le obsequiaba una blusa dorada que tenía la extraña mezcla de esplendor y pobreza como sus lazos de familia.

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Emma Weiss had never seen the sea, although she imagined it coppery like the untamed horses of her Viennese ancestors and her mother, Frida Weiss, who wore them tied up in a blue ribbon as if guarding the knotted secrets of her journeys and rivals. The sea always appeared like an unfathomable horizon or like dreams, with the background music of water that Emma Weiss invented every evening in the remote landscapes of Osorno, Chile, where the silence and darkness of the plains swarmed, and the silence and the whistling of animals foreshadowed change and the births of children and trees.
Her father had escaped the war long before the tattoos; they say he had done it as an act of love and faith. He had fallen in love with an exquisite and brave cabaret singer in the city’s nightlife neighborhoods. He had decided to end that illicit love, and in the month of June, when it was possible to walk in the fresh air and the incomprehensible scent of wildflowers filled the air, José Weiss decided to emigrate to the farthest corner of the world. He went to Valparaíso, a city of ports and illuminated hills. Then he fearfully said goodbye to Adelina, to her fleeting legs and her shiny dress, for it foreshadowed, through its frantic use, its suggestive and defeated wrinkles, the beginnings of destruction, the senseless bombings, and the undeniable failure of all threats and wars. They said goodbye in the plaza with the certainty of those who remain in love, close to the earth and the curve of kisses. They also chose the festivities of the place, where entire families rejoiced as if they were immortals because there was sunshine and children on the ancient wooden benches. Emma Weiss was preparing to travel to Valparaíso for the first time, to come and smell the sea, to see it rising and mysterious in all its splendor and delirium. Emma would also meet her grandmother Helena, who had remained locked in the basement of Adelina’s house because she was José Weiss’s mother, because she was Jewish. They had to take care of the city, patrol the streets before heading to the basement, making sure very early in the morning that no one was watching them, and Adelina would sneak in to offer peace and her smile like nourishment, which she delivered to Helena’s delicate lips.
Together they remembered José Weiss and closed the shutters to light a candle. To illuminate the dead souls and remember that Jewish navigator who arrived like a lost soul, descending from the depths of his hollow destiny to the strange slopes of Valparaíso with a months-old daughter in his arms.
The night of the train ride from Osorno to Valparaíso, Emma Weiss ironed her violet linen dress, brushed her thick, dark hair over and over, dreaming of nothing but her grandmother Elena and the sea. She imagined the sea, with the innocence of the first things, like when she had looked at herself naked under the shutters of her room and become beautiful in a dawning roundness. She imagined herself bathed in it, letting the water fill her with life and populate her with seaweed, and she slept as if the sea had entered her eyes, as if the horror stories of children sent on the trains of dementia had sunk into the very crust of the sargassum.
On the train, they traveled through vast pastures, humble and defeated animals, and the smell of smoke that permeated the landscape. No one reminded them of the Europe split in two because they knew how to save themselves in time, thanks to Adelina’s love, which allowed José Weiss to reach the Chilean shores before receiving the arrest warrant.
Emma’s hand was sweating. She rarely looked at her father, who still wore his Vienna hat and Adelina’s gaze in his thick green eyes.
The port of Valparaíso seemed in disarray, as if God or the constant earthquakes had deliberately forgotten to put it together, and the city looked more like a string of disheveled hair, and the hills were the size of people. Perhaps that’s why Emma wasn’t surprised to see a coffin being lowered from the hill or a bride running through the scree.
The day was intensely blue, and the sky was a blur. José had already spotted the ship, his mother Elena, whom he hadn’t seen for thirteen years. She couldn’t help but remember when it was she herself, with the intuition of a clairvoyant, who had initiated him to leave and, silently kissing his neck, offered him the traveler’s blessing. But José Weiss was thinking of Adelina in her shiny blouse that she used to wear at night, before the specters of death and bombs that looked like black doves bearing ill fortune.
Emma Weiss’s hands were sweating; she untied her violet ribbon, and her hair was becoming more and more like coppery seaweed. Someone threw some streamers to her, and she timidly threw them into the sea, thinking that perhaps they would fall into her grandmother’s hair. And there was the merciful sea, welcoming the emigrants, holding the ships and the locks of the soul, and she now remained with him because she had dreamed that her body was a cradle of fish in her lap. Then, suddenly, José saw Emma Weiss: she was wearing the same tulle hat, her face smaller and thinner, and her hair carried the memory of many dead people. But he understood that she had decided for life and that she would see José with his summer smile and his eyes like forests.
Anxious family members threw streamers. Others blew small horns made of old paper that resonated in the splendor of the hills. Valparaíso was strange and winged, mad in its sanity, where sailors arrived, those who said goodbye to their loves and their battered bodies after the wrath of war.
Then, Elena, dignified and upright, descended from the deck and saw her son’s eyes, saw her granddaughter Emma looking at her with all the delirium and excitement of her thirteen years. She kissed them calmly because she knew she had reached safe land, asked them for a sip of water, and handed José a small folded envelope.
Emma Weiss felt happy to have her grandmother with her, to have hugged and seen her father giving her a golden blouse that had the strange mixture of splendor and poverty like their family ties.

Translation by Steve Sadow

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Algunos libros de Marjorie Agosín/Some of Marjorie Agosín’s Books

Novels

  • Las arpilleras: Una historia con hilo y aguja. Santiago, Chile: Editorial Mis Raices, 2021.
  • The Flowering Tree. Illustrated by Francisca Yanez, translated by Alison Ridley. Santiago, Chile: Editorial Mis Raices, 2018.
  • El arbol florido. Santiago, Chile: Editorial Mis Raices, 2018.
  • Ana Reimaginando: El Diario De Ana Frank. Santiago, Chile: Das Kapital Ediciones, 2015.

Young Adult Novels

  • The Maps of Memories: Returning to Butterfly Hill. New York: Simson & Schuster, 2020.
  • I Lived on Butterfly Hill. New York: Simon & Schuster, 2012.

Memoirs

  • Austin, TX: University of Texas Press, 2000. With Emma Sepúlveda.
  • The Alphabet in My Hands: A Writing Life. New Brunswick, NJ: Rutgers University Press, 2000.
  • Always from Somewhere Else: My Jewish Father. New York: Feminist Press, 1998.
  • A Cross and a Star: Memoirs of a Jewish Girl in Chile. New York: The Feminist Press, 1997; United Kingdom: Garnet Publishing, 1997; Albuquerque, NM: University of New Mexico Press, paperback edition, 2022 (with a foreword by Ruth Behar).
  • The Guardian of MemoryAldo Izzo and the Ancient Jewish Cemetery of Venice. Dorset, England: Solis Press, 2023.

Books of Poetry

  • Mollica, Richard, and Marjorie Agosín. A Manifesto: Healing a Violent World. Tunbridge Wells, UK: Solis Press, 2019.
  • The White Islands / Las Islas Blancas. Translated by Jacqueline C. Nanfito. Chicago: Swan Isle Press, 2016.
  • Harbors of Light / Puertos De Luz. Translated by E. O. O’Connor. Buffalo, NY: White Pine, 2016.
  • The light of desire. Chicago: Swan Isle Press, 2009.
  • At the Threshold of Memory: New and Selected Poems. Buffalo, NY: White Pine Press, 2003.
  • Noche estrellada. Santiago, Chile: Lom Ediciones, 1996; Miami, FL: University of Miami North South Center, 1996.
  • Dear Anne Frank. Washington, DC: Azul Edition, 1994.
  • Circles of Madness. Fredonia, NY: White Pine Press, 1992.
  • Zones of Pain. Fredonia, NY: White Pine Press, 1989.
  • Brujas y Hogueras: Mexico: Antología Poética, La Máquina Eléctrica, 1988.

            Anthologies Edited

  • A Sea of Voices: Women Poets of Israel, an International Anthology. Santa Fe, NM: Sherman Asher, 2009.
  • From Chile to the World: 70 Years of Gabriela Mistral’s Nobel Prize: De Chile Al Mundo: 70 Años Del Premio Nobel De Gabriela Mistral. Edited by Marjorie Agosín, Gloria Garafulich Grabois. New York: Gabriela Mistral Foundation, 2015.
  • Home: An Imagined Landscape. Tunbridge Wells, UK: Solis Press, Kent, 2016.
  • Writing towards Hope: Human Rights in Latin America. New Haven: Yale University Press 2006.
  • Memory and Oblivion: The Modern Jewish Culture in Latin America Today. Austin, TX: University of Texas Press, 2004.
  • Miriam’s Daughters: Jewish Latin American Women Poets. Santa Fe, NM: Sherman Asher Publishing, 2000.
  • Uncertain Travelers: Jewish Women Emigrants to the Americas. Hanover, NH: University Press of New England, 1999.
  • The House of Memory: Jewish Stories from Jewish Women of Latin America. New York: The Feminist Press, 1999.
  • A Map of Hope: Women Writers and Human Rights. New Brunswick, NJ: Rutgers University Press, 1999.
  • A Map of Hope: Women Writers and Human Rights. London: Penguin Books, 1999.
  • These Are Not the Sweet Girls: 20th Century Latin American Women Poets. Fredonia, NY: White Pine Press, 1993.
  • A Gabriela Mistral Reader. Fredonia, NY: White Pine Press, 1993.
  • Surviving Beyond Fear: Women, Children and Human Rights in Latin America. Fredonia, NY: White Pine Press, 1993.
  • Landscapes of a New Land: Short Stories by Latin American Women Writers. Fredonia, NY: White Pine Press, 1989. Second edition, February 1993.
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Marjorie Agosín –(1955-2025)– Poeta y profesora distinguida judío-chilena-norteamericana/Chilean-American Jewish Poet and Distinguished Professor — “Busqué un huerto de huesos” y otros poemas/”I Sought A Garden of Bones” and Other Poems –Entrada dedicada a los víctimas en Israel, el 7 de octubre/Post dedicated to the victims in Israel on October 7

Marjorie Agosín

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Marjorie Agosín, una poeta, profesora en Wellesley College, novelista, ensayista y activista de los derechos humanos chilena-estadounidense, ha gozado de una carrera distinguida escribiendo sobre temas importantes y vigentes como el exilio, la memoria, la experiencia judía y el poder del lenguaje. También ha hecho mucho para divulgar y hacer hincapié en las escritoras latinoamericanas en colecciones bilingües. Marjorie Agosín, una escritora y pensadora incansable, tiene un amplio alcance y tiene algo que ofrecerles a lectores de todas edades y de todos los ámbitos de la vida, desde los académicos que estudian las culturas y literaturas judías y latinoamericanas hast los lectores jóvenes que han disfrutado de las historias de Celeste Marconi en la aclamada novela para adultos jóvenes, I Lived on Butterfly Hill.

Allison Ridley

Marjorie Agosín, a Chilean-American poet, professor en Wellesley College, novelist, essayist, and human rights activist, has enjoyed a distinguished career writing on important and timely topics such as exile, memory, the Jewish experience, and the power of language. She has also done much to disseminate and highlight Latin American women writers in bilingual collections of their work. A tireless writer and thinker, Marjorie Agosín is wide-ranging and has something to offer readers of all ages and from all walks of life, from academics who study Jewish and Latin American cultures and literatures to young readers who have enjoyed Celeste Marconi’s stories in the acclaimed young adult novel, I Lived on Butterfly Hill.

Allison Ridley

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Compiled and edited by Celeste Kostopulos-Cooperman

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Esta entrada es dedicada a los víctimas en Israel el 7 de octubre./This post is dedicated to the October 7 victims in Israel.

Vengo s buscar estos

huesos,

se parecían a la piel vencida

de los animales difuntos.

Pero los quiero

para mi huerto.

Para amarrarlos

junto a los rosales.

Le digo

que son mis huesos,

los huesos de mi hijo,

Julián,

quiero que conozcan

la lluvia

los sueños

de la paz,

por eso, señor, me los

vengo a llevar

aquí en las faldas,

esos huesos quiero

yo

porque

ya dejaron de ser suyos

porque esa vida jamás

fue suya.

Porque Ud. sólo supo hablar de los rostros de la muerte

porque no tiene nada que ver con la vida.

Deme mis huesos, mi capitán.

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I’ve come seeking these

bones, and though they call to mind the defeated

flesh of dead animals,

I want them for my garden,

to string them up

beside the rose bushes.

I’m telling you

they are my bones,

the bones of my son,

Julián,

and I want them to know

the rain,

the dreams

of peace,

therefore, señor, I’ve come here

to carry off these bones

I love

in the pleats of my skirt,

because

they have ceased

being yours.

because that life never

was yours

Because you only knew how to talk about death’s faces

because you and life have nothing in common.

Give me my bones, my captain.

Translation by Richard Schaaf

De:/From: Hacia la ciudad espléndida / Toward the Splendid City

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I.

Supo ella seducir al destino,

vaticinar la hora de hora de la huida

en 1939, vestida con el traje

de noche y la dicha

en los umbrales del temeroso

puerto de Hamburgo,

navegó,

resuelta a la vida,

hasta las mares del sur.

En 1938 los ventanales

de su casa de agua y piedra

resistieron el inmensurable

horror de aquella noche

de los cristales rojos.

Ella, mi abuela

me enseñó a reconocer el paisaje de peligro,

las trizaduras del miedo

el rostro impenetrable

de las mujeres que huyen,

acusadas,

audaces en su deseo de vivir.

II.

Helena Broder,

fabricó un universo

de papeles, frágiles embarcaciones

de poemas clandestinos y

apuntes por hacerse,

direcciones discretas,

livianas de equipaje,

como un ángel

frágil y delicado,

aunque lista para embarcarse nuevamente.

Sobreviví junto a ella

y agradecí el obsequio de su presencia.

I.

She knew how to seduce her destiny,

Predict the time of flight

in 1939, dressed in garments

of night and happiness

at the threshold of a fearful

Hamburg Harbor

resolved to live,

she sailed to Southern seas.

In 1938, the windows

of her house of water and stone

resisted the extreme

horror of that night

of broken crystals.

She, my grandmother,

taught me to recognize

the landscape of danger,

the shards of fear,

the impenetrable faces

of women,

fleeing,

accused,

audacious in their will to live.

II.

Helena Broder,

created a domain

of papers, fragile vessels,

clandestine poems and

notes to be made,

discreet addresses.

With little baggage,

like a frail and ancient

angel,

she arrived,

although ready to embark again.

I survived next to her

and I was thankful for the gift of her presence.

Translations by Laura Nakazawa

De:/From: Helena Broder, Angel de la memoria / Helena Broder, The Angel of Memory

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Madre mía

sé que me llamas

y que tus yemas

cubren esas heridas, abiertas

muertas y resucitadas

una y otra vez.

Cuando vendada

me llevan a los

cuartos del

delirio.

En tu voz

nueva,

iluminada,

que oigo

tras los golpes

desangrados

como los árboles

de un patio de

verdugos.

Madre mía

yo duermo entre

tus brazos

y me asusto

entre los puñales

pero

tú me recoges

desde un fondo

lleno de dagas y serpientes.

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Mother

I knew you are calling me

and that your fingertips

are covering those wounds, open

dead and re-opened

over and over again.

When I am blindfolded

they carry me to the

rooms of

delirium.

It is your voice

new,

luminous,

that I hear

after the bloodletting

blows

like trees

in a

patio of

assassins.

Mother

I sleep in

your arms

and feel frightened

by the knives

but

you gather me up

from the abyss

filled with daggers and serpents.

Translated by Cola Franzen

De:/From: Las zonas del dolor / Zones of Pain

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Aquel mudo y hablado desierto

guardó sus cuerpos:

cabezas decapitadas,

manos arqueadas por una soga gris.

El desierto preservó sus vidas.

Por muchos años fue como la nieve eterna,

cuidadosa de lo que se oculta

bajo la tierra.

En la hipnótica aridez,

los muertos aún vivían

para contarte la historia.

*Campo de muerte en el norte de Chile

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That mute yet mentioned desert

protected the decapitated heads,

hands encircled by a gray rope.

that desert preserved their lives.

for many years it was like an eternal snow,

caring for what hides

beneath the earth.

in the hypnotic dryness,

the dead lingered

to tell you the story.

*Death camp in the north of Chile

Translated by Celeste Kostopulos-Cooperman

De: From: Lluvia en el desierto / Rain in the Desert

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Abismada y llena de pesadumbres

aladas,

la sangre se extiende,

danza y recorre el

delantal de humo,

se traslada hasta el

comienzo de mis

piernas y

enloquecida no me obedece,

sólo rueda destemplada

invade los colores

de mi piel

Me trastorna de

carmesí

y entre el pavor del silencio,

entre la lejanía del

espanto,

se apodera de mis muertos y de mis vivos,

marchita se despide

robándome a un niño

muerto

perdido entre los coágulos de marcas envenenadas.

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Somber and full of winged

nightmares,

blood spreads out,

dances and overruns the

apron of smoke,

moves to the

edge of my legs and

maddened does not obey me,

but flows untimely

invades the colors of my skin

deranges me with

crimson

and between the horror of silence

the distance of

terror,

takes possession of my dead and my living ones,

faded takes leave

robbing me of a child

dead

lost among venomous tides.

Translated by Cola Franzen

D:/From Las zonas del dolor / Zones of Pain

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Marjorie Agosín (1955-2025)– Poeta y escritora judío-chilena-norteamericana/ Chilean American Jewish Poet and Writer/Samuel Shats — Fotógrafo judío-chileno/Chilean Jewish Photographer — “Memorias trenzadas”/”Braided Memories”

Marjorie Agosín

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. . . Alison Ridley

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. . . Alison Ridley.
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Helene Halpern

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La poeta

Marjorie Agosín nació en Chile en 1955. Comenzó a escribir poesía cuando era niña, y luego de que su familia se mudó a Atenas, Georgia, en 1969, continuó escribiendo poemas en español. Recibió una licenciatura de la Universidad de Georgia y una maestría y un doctorado de la Universidad de Indiana. Agosín es autor de numerosas colecciones de poesía, entre ellas En el umbral de la memoria: poemas nuevos y seleccionados (White Pine Press, 2003); Toward the Splendid City (Prensa Bilingüe / Editorial Bilingüe, 1994), ganadora del Premio de Literatura Latina 1995; y Sargasso (White Pine Press, 1993). Agosín, que escribe principalmente en español, invoca con frecuencia temas de desplazamiento e inmigración en su poesía. En una entrevista con Blackbird, ella dice: “Siento que no pertenezco. Me siento un extraño, lo cual es muy bueno para un poeta, sentirse un extraño”. Agosín es también autor de varias obras en prosa, entre ellas A Cross and a Star: Memoirs of a Jewish Girl in Chile (University of New Mexico Press, 1995) y I Lived on Butterfly Hill (Atheneum Books, 2015), ganadora del premio 2015 Premio Internacional del Libro Latino en ficción para adultos jóvenes.nActivista de derechos humanos, Agosín es conocida por su trabajo en la promoción de la justicia social y el feminismo. En 1998, recibió un Premio al Liderazgo de las Naciones Unidas en Derechos Humanos, y en 2002, el gobierno de Chile le otorgó el Premio Gabriela Mistral por logros en la vida. Galardonado con el prestigioso premio español Letras de Oro. Agosín es profesor de español en Wellesley College. Vive en Wellesley, Massachusetts.

The poet

Marjorie Agosín was born in Chile in 1955. She began writing poetry as a child, and after her family moved to Athens, Georgia in 1969, she continued to write poems in Spanish. He received a BA from the University of Georgia and an MA and Ph.D. from Indiana University.nAgosín is the author of numerous collections of poetry, among them On the Threshold of Memory: New and Selected Poems (White Pine Press, 2003); Toward the Splendid City (Prensa Bilingüe / Editorial Bilingüe, 1994), winner of the 1995 Latin Literature Award; and Sargasso (White Pine Press, 1993). In an interview with Blackbird, she says: “I feel like I don’t belong. I feel like a stranger, which is very good for a poet, to feel like a stranger.” Agosín is also the author of several prose works, including A Cross and a Star: Memoirs of a Jewish Girl in Chile (University of New Mexico Press, 1995) and I Lived on Butterfly Hill (Atheneum Books, 2015), winner of the award 2015 International Latin Book Award in fiction for young adults. A human rights activist, Agosín is known for her work promoting social justice and feminism. In 1998, he received a United Nations Leadership Award in Human Rights, and in 2002, the Chilean government awarded him the Gabriela Mistral Award for achievements in life. Recipient of the prestigious Letras de Oro Spanish award, Agosín is a Spanish professor at Wellesley College. She lives in Wellesley, Massachusetts.

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El fotográfo

Samuel Shats nació en Santiago, Chile y tiene un doctorado en ingeniería de la Universidad de Tel Aviv. Trabajó como docente, investigador y emprendedor antes de dedicarse a la fotografía. Su carrera fotográfica comenzó en 1969 cuando ingresó al Cine Club de Fotografía de Chile, institución que presidió de 1994 a 1996. En 1983 comenzó a desarrollar sus proyectos fotográficos personales. Ha expuesto en más de 17 exposiciones individuales y 30 exposiciones colectivas en Chile, Israel, Argentina, Brasil y Estados Unidos. Además de su actividad creativa ha sido juez, comisario y docente y ha dirigido un taller de creación fotográfica durante años.

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The Photograph

The Photographer

Samuel Shats was born in Santiago, Chile, and holds an Engineering PhD from Tel Aviv University. He worked as a teacher, researcher, and entrepreneur before dedicating himself to photography. His photographic career began in 1969 when he joined the Chilean Photo Cine Club, an institution he chaired from 1994 to 1996. In 1983 he began to develop his personal photographic projects. He has exhibited in more than 17 individual exhibitions and 30 group exhibitions in Chile, Israel, Argentina, Brazil and the United States. In addition to his creative activity he has been a judge, curator and teacher and has directed a photographic creation workshop for years.

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La traductora

Alison Ridley llegó a Hollins University en 1991 después de completar su doctorado.en la Universidad Estatal de Michigan. Los intereses de investigación del profesor Ridley incluyen la picaresca española y el drama español del siglo XX. Ha publicado artículos sobre el dramaturgo español Antonio Buero Vallejo y la novela picaresca Guzmán de Alfarache. También ha presentado ponencias en congresos nacionales e internacionales.

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The translator

Alison Ridley came to Hollins in 1991 after completing her Ph.D. at Michigan State University. Professor Ridley’s research interests include Spanish picaresque and 20th century Spanish drama. He has published articles on the Spanish playwright Antonio Buero Vallejo and the picaresque novel Guzmán de Alfarache. He has also presented papers at national and international conferences.

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Algunos libros de Marjorie Agosín/Some of Marjorie Agosín’s Books

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