Hernan Rodríguez Fisse — Novelista judío-chileno — “Prefiero Chile”/ “I Prefer Chile” — fragmentos de la novela sobre el éxito de los inmigrantes judíos de Chile/Excerpts from the novel about the success of Jewish Immigrants in Chile

Hernan Rodríguez Fisse

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Hernan Rodríguez Fisse nació en Santiago de Chile en 1950, siendo su padre nacido en Edirne y su madre en Estambul. Ambas familias descienden de judíos exiliados de España en 1492. Emigraron a Chile en 1949. Es Licenciado en Administración Pública por la Universidad de Chile y Postgraduado en Periodismo por la Universidad Católica de Chile. Tiene un Magíster en Ciencias Políticas y un Doctorado en Relaciones Internacionales. Es profesor de negocios internacionales y negociación empresarial y resolución de conflictos en la Universidad de Chile, Universidad de Santiago y Universidad Federico Santa María. Es Director y Editor de la revista de arte, ciencia y literatura Zejel y Colaborador permanente de las revistas El Amaneser de Estambul, Aki Yerushalayim de Israel, Foro de México. Ha sido líder de la comunidad sefardí de Santiago durante los últimos treinta años y en la actualidad enseña ‘djudezmo’ a los miembros.

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Hernan Rodríguez Fisse was born in Santiago de Chile in 1950, his father being born in Edirne and his mother in Istanbul. Both families descend from Jews exiled from Spain in 1492. They emigrated to Chile in 1949. He has a degree in Public Administration from Universidad de Chile and a graduate degree in Journalism from Catholic University of Chile. He has a Master of Arts in Political Science and a Doctor in International Relations. He teaches international business and business negotiation and conflict resolution at the Universidad de Chile, Universidad de Santiago, and Universidad Federico Santa Maria. He is Director and Editor of the Art, Science and Literature magazine Zejel and a permanent Collaborator of the magazines El Amaneser of Istanbul, Aki Yerushalayim of Israel, Foro of Mexico. He has been a leader of the Sephardic community of Santiago for the past thirty years and at present teaches ‘djudezmo’ to the

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La obra ganadora de la 26ª versión del Premio Revista de Libros, en la categoría biografías y memorias, organizado por CMPC y El Mercurio, corresponde a un bello retrato de una familia de inmigrantes provenientes de Turquía a comienzos de los años 30. Jacques Rodríguez –turco sefardita– es el protagonista de esta historia de viajeros, inmigrantes, trabajadores y entusiastas; una vuelta por el mundo que arranca en Estambul, sigue por París y termina en Valparaíso, Santiago y Osorno, arraigándose definitivamente en Chile.

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The prize-winning work of the 26th version of the Revista de Libros Award, in the biographies and memoirs category, organized by CMPC and El Mercurio, corresponds to a beautiful portrait of a family of immigrants from Turkey in the early 1930s. Jacques Rodríguez – Sephardic Turk – is the protagonist of this story of travelers, immigrants, workers and enthusiasts; a tour of the world that starts in Istanbul, continues through Paris and ends in Valparaíso, Santiago and Osorno, definitively taking root in Chile.

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Las camisas y corbatas que Jacques vendía en la tienda eran de la marca Wings y estaban fabricadas por una empresa nacional de propiedad de dos socios, los señores Luis Nun y Max German, cuyas oficinas estaban ubicadas en la calle Salas 344 de Santiago. Los pedidos eran tomados por vendedores viajeros, quienes visitaban todas las tiendas y casas comerciales del país viendo lo que faltaba. Lo mismo ocurría con la ropa destinada a la venta. Cuando algún producto se agotaba, la tienda enviaba un telegrama a la fábrica o al proveedor, especificando el detalle de los despachos que requería. El vendedor viajero era quien se encargaba de visitar todas las casas comerciales y de revisar los stocks, y ganaba un porcentaje de las ventas totales. Al día siguiente del cumpleaños de Jacques, en agosto de 1939, Luis Nun, uno de los propietarios de la fábrica de camisas Wings, visitó la tienda de Osorno, y después de reunirse con los dueños de La Femme Chic saludó personalmente a cada uno de los vendedores. Al momento de estrechar su mano, Jacques sintió que le depositó un pequeño papel muy doblado y le guiñó el ojo, sin que nadie de los presentes se diera cuenta. Al retirarse, Jacques se fue a un costado del local para abrir el papel y leyó: «Lo espero a almorzar en el Jockey Club». Muy extrañado concurrió a la cita, con la misma sensación de cuando trabajaba en la Casa Rosemblitt de Santiago, antes de llegar a Osorno. Fue así como el dueño de las camisas Wings le ofreció el trabajo de vendedor viajero de la zona entre Rancagua y Puerto Montt, y la representación de su marca. Le pagarían una comisión del diez por ciento por las ventas a todas las casas comerciales. Además le permitían incluir otras marcas, siempre que no fueran competencia directa, es decir, ni camisas ni corbatas. Con este nuevo trabajo Jacques podría aumentar sus ingresos de manera significativa, aunque el sueldo no incluía el pago de viáticos y debía financiar los hoteles, el transporte y la comida por su propia cuenta. Si bien esto último implicaba un gran riesgo —porque involucraba gastos antes de las primeras pagas—, Jacques quedó muy entusiasmado con la oferta y le daría su respuesta a don Luis en un plazo máximo de treinta días, vía telegrama. Durante ese tiempo Jacques conversó con cada uno de los vendedores viajeros que llegaron a la tienda, entre los cuales estaba Rafael Conforti, quien representaba a Tejidos Caffarena. Conforti le explicó que el trabajo no era fácil por el tiempo que se estaba fuera de casa, que sumado equivalía a unos seis meses al año. Él hacía un mínimo de cinco giras al año recorriendo los negocios de Rancagua, San Fernando, Curicó, Talca, Linares, Chillán, Concepción, Los Ángeles, Temuco, Valdivia, Osorno y Puerto Montt. Le enfatizó que era fundamental tener varias marcas para incrementar sus ingresos; él, por ejemplo, le vendía a La Femme Chic solo los productos Caffarena, pero también tenía los calzados Guante y las telas Yarur, entre las marcas más importantes que ofrecía entre sus clientes. Luego de mucho meditar, Jacques tomó la decisión y mandó a Santiago el siguiente telegrama: «Acepto trabajo ofrecido. Siempre y cuando obtenga otras muestras. Agradezco contactos con firmas comerciales». Dos semanas después le llegó la respuesta: «Impermeables Búfalo necesita vendedor viajero».

Jacques se puso en contacto con aquellas firmas a las que podría ofrecer sus servicios de vendedor viajero por el sur. Se reunió con León Cherniavsky, quien le entregó la representación de los impermeables Búfalo, que tenían un popular eslogan que daban por radio: «Cuando llueve todos se mojan, menos los que usan impermeables Búfalo». Don León, delante de Jacques, llamó a la fábrica de casacas de Grossman y Cía. y le dijo al dueño que tenía al mejor vendedor para el sur, así que le recomendó entregarle muestras, ya que en enero iniciaría su primera gira. Apenas cortó se comunicó con otro amigo, de apellido Mireman, y le pidió que preparara su mejor muestrario de pañuelos para el nuevo vendedor estrella. Al día siguiente, mientras retiraba las muestras, Jacques le comentó a Grossman que le gustaría vender también ropa interior masculina y calcetines, por lo que lo contactó con los dueños de las fábricas de camisetas y calzoncillos Smart y calcetines Peruggi. En ambas obtuvo la representación, así que reunió más de seis marcas y siete productos diferentes, tal como se lo había recomendado Conforti. Preparó, con mapa en mano, su primera gira nacional entre Rancagua y Puerto Montt.

Tras el descanso del feriado, llegó a la fábrica de camisas Wings, donde le tenían preparado un completo muestrario con diferentes diseños, incluyendo uno de cuello paloma que se usaba con «humitas». Los colores y diseños de las corbatas eran muy combinables y le adjuntaron una lista con los precios de cada artículo. Le hicieron entrega, además, de un bloc para anotar los pedidos, hecho con tres copias y calcos, ya que debía dejar una para el cliente, otra para solicitar los despachos y la tercera para él a modo de respaldo. Hizo lo mismo con cada una de las marcas de la cual era representante y, al llegar a retirar las casacas, el señor Grossman le informó que lo había visitado el dueño de la fábrica de paraguas Cosmos, quien era su amigo, y le había dejado un muestrario, por si le interesaba llevárselo, respetando la comisión del diez por ciento de las ventas. Jacques aceptó, pero cuando le entregaron los impermeables Búfalo, se arrepintió de haber aceptado los paraguas, ya que la cantidad de mercadería superaba lo imaginado. Sumó en total cuatro valijas y dos baúles, más la maleta donde pondría su ropa. Su pasaje en el tren hasta Osorno tenía fecha para el 6 de enero de 1940 y le había costado doscientos cuatro pesos. Llamó de inmediato a su amigo Julio Recordón Burnier para reservar una habitación en su hotel. Este le ofreció ir a buscarlo a la estación, y tras contarle Jacques la cantidad de muestras que llevaba consigo calcularon que tendrían que hacer por lo menos dos viajes con su Buick. Jacques estaba agradecido y emocionado por el ofrecimiento de su amigo sureño. En el Hotel Burnier le facilitaron uno de los salones de reuniones para su trabajo. Se instaló en el cubículo de la telefonista y fue llamando, uno por uno, a todos los dueños o encargados de compras en los locales que vendían ropa de hombre, a quienes citó en distintos horarios. La gran mayoría concurrió a su improvisado «salón de ventas», donde exhibía sus muestrarios mientras un mozo del hotel les ofrecía café con galletas o un pisco sour, si era la hora del aperitivo. Toda su gestión comercial fue una verdadera revolución, ya que, hasta ese momento, lo habitual era que el vendedor viajero se presentara en el local con sus maletas, sin ninguna privacidad. Al cuarto día de trabajo, el total de ventas hizo que Jacques vislumbrara un futuro muy positivo.

Al quinto día hizo un análisis con las muestras de mayor venta y partió con ellas, en tren, hasta Puerto Montt, recorriendo más liviano los ciento treinta kilómetros de distancia. En 1940 Puerto Montt no tenía infraestructura hotelera, ni siquiera algo parecido al Burnier. Jacques se alojó dos noches en una residencial e hizo las ventas al estilo tradicional, visitando local por local. Puerto Varas tenía un antiguo hotel llamado Bellavista, y allí se quedó, pero como eran pocas las tiendas en la ciudad, prefirió visitarlas personalmente. Con el dueño de la Casa Kauak inició una larga amistad y jugaba con él al dominó, al mediodía o por la tarde, una vez que cerraba la tienda, contemplando el volcán Osorno y su nieve eterna. En Temuco se alojó en el Hotel La Frontera, cuyo dueño era Julio Recordón Borel, padre de su amigo del mismo nombre. Allí le dieron facilidades similares a las del Hotel Burnier, permitiéndole usar un salón para recibir a los clientes. La estrategia de Jacques fue visitar personalmente todos los locales de venta de ropa masculina e invitar a los propietarios o encargados al hotel para una exhibición de la mercadería. En esta ciudad existían numerosos inmigrantes provenientes de ciudades que pertenecieron al Imperio Otomano, como Monastir, Salónica, y la mayoría de ellos hablaban en castellano antiguo, por lo que Jacques fue muy bien recibido —incluso lo invitaban a cenar a sus casas— y aseguró sus ventas en la zona. Informado de que en Valdivia tendría el mismo problema que en Puerto Montt respecto a la falta de hoteles, decidió viajar desde Temuco con menos muestras, y durmió en una modesta residencial donde amaneció con el cuerpo picado de pulgas. La amistad con un señor Ergas, dueño de la principal tienda de la calle Picarte en Valdivia, le permitiría en el futuro alojarse en su residencia. Asimismo, el dueño de la Casa Taboada lo invitaba a cenar a su casa cada vez que cerraban un negocio. Valdivia, con su río que cruzaba la ciudad, le recordaba Estambul con su Bósforo. Quedó maravillado con la ciudad y aprovechó de pasear en un pequeño vapor por Niebla, Mancera y Corral. Escuchó que los alemanes pronunciaban faldivia y los chilenos le decían que era «la perla del Calle-Calle». Después de Viña del Mar y Puerto Varas, Valdivia se convertiría en su tercera ciudad favorita. Años después se haría cliente frecuente de los mazapanes que allí se fabricaban y de la tortilla de erizos que preparaban en el Club Español. Concepción fue desde un principio una gran incógnita para Jacques, pues no sabía cómo funcionaba su comercio tras el terremoto del año anterior. Llegó al Claris Hotel en la calle Caupolicán, pero como no estaban los dueños, no le dieron ninguna facilidad para exhibir la mercadería. Sus ventas no serían muy auspiciosas, ya que solo le compraron sus mercancías en dos negocios de la ciudad: La Sastrería Inglesa, en la calle Aníbal Pinto, y Casa García, en Barros Arana. Años después, Concepción se convertiría en la mejor plaza comercial del sur de Chile. En la vecina ciudad de Los Ángeles logró vender mucho más que en la capital regional; recién se había construido el Hotel Mariscal Alcázar y recurrió a sus clubes sociales para almorzar y cenar. En Chillán observó que la reconstrucción avanzaba a paso acelerado, pero como el daño había sido tan grande, la preocupación principal de su población era obtener alimentos antes que comprar ropa.

Luego de treinta y cinco días de intenso trabajo, Jacques regresó a Santiago con la certeza de que debía introducir algunos cambios en su próxima gira, la cual comenzaría en abril. La principal modificación consistiría en dividir su periplo en tres etapas. En un primer viaje cubriría desde Puerto Montt a Temuco y regresaría a Santiago. Luego partiría para vender en Concepción, Los Ángeles y Chillán. Y finalmente se concentraría en las ciudades más cercanas a la capital, llegando solo hasta Linares. Tenía claro que esto significaba un aumento en el gasto de transporte, pero no sería tan agotador al hacerlo de un modo más eficiente, aprovechando la venida a Santiago para visitar las fábricas y apurar los pedidos de sus clientes. Los encargados de los despachos se convirtieron en sus fieles aliados, gracias a los generosos obsequios que Jacques les ofrecía.

Su segunda gira de ventas fue mucho más exitosa gracias a sus mejoras y obtuvo muy buenas comisiones. Trabajar viajando era lo que más disfrutaba Jacques, pues calzaba muy bien con su personalidad, y lo tenía muy entusiasmado. Su buen gusto lo ayudó a mejorar, poco a poco, los muestrarios según sus conocimientos del cliente sureño. Y se concentró además en los artículos de mayor rotación, dejando de lado los de muy baja venta. Se dio cuenta de que las camisas y corbatas que él usaba tenían mayores ventas y aprovechó entonces su porte para exhibir sus propios artículos. Pero el entusiasmo que sentía Jacques por su trabajo se opacaba al enterarse de lo que ocurría en Europa en medio de la Segunda Guerra Mundial. Una foto del diario le informaba que las tropas alemanas desfilaban bajo el Arco de Triunfo en París el 14 de junio de 1940. Un terrible nudo se apoderó de su garganta.

Transcurrido menos de un año desde que tuvieron su primera salida, Jacques adquirió en la Joyería París un anillo de compromiso y le pidió matrimonio. Amelia le dijo que sí y fijaron como fecha el mes de septiembre de 1942 para realizar la boda, determinando, además, que sería en una sencilla ceremonia en el Registro Civil, de modo que cada uno pudiera mantener sus respectivas creencias religiosas: ella era católica, él, judío. Asumieron que cada uno profesara su fe libremente, con respeto y sin interferencias, y acordaron que los hijos serían judíos. Se retrataron juntos en el mismo estudio fotográfico de aquella primera vez

No habían pasado ni tres días cuando una carta de su hermano David se cruzó con la suya. Llegó al domicilio de Ernesto. «Tenemos boda en Estambul. Me voy a casar con Fortunée Fisse Cohen, prima de las mellizas Cohen que tú conocías. Estamos de novios hace bastante tiempo, pero como me han llamado al Ejército tres veces, porque no se sabía si Turquía participaría de la guerra, hemos estado postergando la fecha del matrimonio. Será el 22 de marzo de 1942, en la sinagoga Apollon, si es que no se presenta ningún inconveniente. Estoy contento con mi novia, es muy dulce, cariñosa y por supuesto muy linda. Es la tercera de cinco hermanas y tiene un solo hermano, que es el mayor. El padre es dueño de un negocio en el Bazar de las Especias de Estambul, por lo que los aliños no faltarán en nuestras comidas».

El 8 de septiembre, en la oficina del Registro Civil de la comuna de Santiago, se efectuó la ceremonia de matrimonio entre Jacques y Amelia. Ernesto fue el testigo de boda de Jacques, y de Amelia fue su hermano Carlos. Por la noche realizaron una sencilla fiesta en el Hotel Crillón, de la calle Ahumada, y partieron a las Termas de Jahuel a disfrutar de su luna de miel

De equipar el nuevo hogar se encargó Amelia, quien a partir de la boda se hizo cargo de administrar todo el ingreso familiar, dejando en poder de Jacques solo lo indispensable para sus giras. Dos años después serían los primeros clientes que abrieron una cuenta corriente bipersonal a nombre de ambos en el recién inaugurado Banco Israelita, que estaba en la calle San Antonio esquina Moneda.

En marzo del mismo año, un especialista confirmó el embarazo de Amelia. . . El 3 de octubre de 1943 nació un robusto varón en la Clínica Central de la calle San Isidro, a quien llamaron David, dejando muy contenta a la familia en Estambul. A la semana de nacido, el primogénito fue circuncidado por un rabino, de acuerdo a los preceptos de la religión judía. Pronto comenzarían a llamarlo Davico, para diferenciarlo del tío. La foto del recién nacido, con sus datos escritos al reverso en letra verde, fueron enviados por correo hasta Turquía. Jacques estaba dichoso, era padre y a su vez convertía en abuelos a los suyos. La generación de los nacidos en Chile había comenzado. La decisión del inmigrante, de quedarse en Chile, daba su primer fruto.

Hernán Rodríguez Fisse. Prefiero Chile (Spanish Edition) . Ediciones El Mercurio. Kindle Edition.

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