
Jorge Santkovsky:
Desde muy joven escribí poesía, a menudo con desesperación. Poner en palabras el dolor fue, durante mucho tiempo, una forma sutil de autosanación. Algunos de esos poemas dieron forma a los seis libros que figuran más abajo. En años recientes, me he volcado al relato. Diario de un cuéntenik se basa tanto en personajes reales —personas que conocí trabajando— como en mi imaginación.
He vivido, con suerte diversa, del comercio. Hoy me dedico al tratamiento de rezagos electrónicos y al comercio electrónico. Me gusta pensar que soy un cuéntenik tecnológico, pero cuéntenik al fin.
Se ha publicado recientemente Vulnerables, 2024, un libro que explora, entre otras cosas, la presencia de seres visibles e invisibles que habitan mi barrio: San Telmo, donde vivo desde hace años, en la ciudad de Buenos Aires. Ese libro y El después es ahora, 2021, fueron publicado por A Capella.
Actualmente estoy desarrollando Un judío amateur, un libro que combina ensayo, memoria personal y reflexión sobre la identidad judía.
Nací en Bahía Blanca en 1957. Estudié Matemática en la Universidad de Buenos Aires y fui presidente, durante ocho años, de la Asociación Argentina del Juego de Go.
_______________________________
Jorge Santkovsky:
I wrote more poetry than anything else, often out of desperation. To express pain in words resulted in a subtle form of self-cleansing. A number of those poems were embodied in the five books of poetry that I mention below. A while ago, I made an incursion into the short-story, Diario de un cuéntenik is based as much on people I met while working as in my imagination. Many other stories, on varied themes, still remain unpublished. They are waiting, patiently, to see the light.
It is from commerce that I have lived my entire life, with varied luck, I should say. Right now, I’m comfortable dedicating myself to the handling of remaindered electronic devices and to internet sales. I like to think that I am a technological cuentenik, but a proud cuentenik in the end.
These days I find myself writing about the magic of visible and invisible beings that inhabit the neighborhood of San Telmo, old neighborhood where I live in Buenos Aires. Vulnerables, a book that explores, among other things, the presence of visible and invisible beings that inhabit my neighborhood: San Telmo, where I have lived for years, in the city of Buenos Aires, has recently been published. That book and The After is Now 2021 were published by A Capella.
I was born in Bahía Blanca in 1957 and moved to Buenos Aires in 1976.
I took courses in mathematics at the University of Buenos Aires.
For eight years, I was president of the Argentine Association for the Game of Go.
_________________________________________

Saludos para todos
Hasta ahora los parientes fallecidos de mi familia materna son menos que los miembros vivos que habitan en mi ciudad natal. La misma ciudad donde mis abuelos formaron la familia a la que, con orgullo, pertenezco. Hubo quien observó que no hay que descuidarse y si los jóvenes siguen emigrando podría afectar la sagrada ecuación. Sería una desagradable sorpresa ser menos los vivos que los que descansan en el cementerio. Como no está permitida la cremación dentro del judaísmo la cuenta es sencilla de hacer. Entregarse a la tierra, es el modo de purificar el alma. Dice la tradición de que no es prudente desafiar al destino.
No hay modo de retener a los jóvenes que piensan buscar nuevos horizontes. Somos descendientes de los más audaces, de aquellos que sobrevivieron a las persecuciones gracias a su temeridad de emigrar a estas nobles tierras. No entendían el idioma local, pero en donde se decía que se tiraba una semilla y se cosechaba dinero. Es cierto que no tenían mucho que perder en sus países de origen, quedarse era soportar hambre y violencia. El espíritu intrépido se mantiene en la sangre, aunque cambie el escenario y lo que está ocurriendo era lo esperable. Lamento decirlo, pero en algún momento los temores se cumplirán y serán menos los vivos que moran en la sureña ciudad que los que descansan en el camposanto.
Mareado por estas reflexiones voy a visitar las tumbas de mis familiares fallecidos. Mi primo se ofreció para acompañarme, él se autodefine como un visitador serial de cementerios. Me cuenta que la traducción al hebreo es beit jaim, la casa de la vida. Para él siempre es un buen momento visitarlos. Es de aquellos parientes que hay en toda familia que se dedica a homenajear la memoria de los ancestros.
Mi prima, cuando se enteró, con total naturalidad, me envío saludos para todos. Yo no dije nada para no ofenderla.
Los cementerios judíos son bien mantenidos mientras quedan deudos en la ciudad que se ocupan de ellos. En aquellos pueblos donde casi no habitan miembros de la comunidad, los pocos que quedan tienen las llaves por si algún pariente lejano siente necesidad de bucear en su pasado. O para recibir algún curioso amante del necro turismo.
La tierra escasea y las ciudades crecen para donde encuentran espacio. Lo peor para un cementerio es quedar en medio de un poblado porque aumentan los riesgos de los saqueadores que nunca faltan. O de los emprendedores que necesitan terrenos para sus inversiones.
Este cementerio ha quedado alejado de las rutas de acceso a la ciudad, nada pasa cerca de ese camino de tierra. Sus vecinos son hornos de ladrillos seguramente sin habilitación legal. Y un nutrido basural clandestino sin control municipal. Con bolsas de plástico que arrastradas por el viento que terminan atrapadas en los cercos de los campos vecinos. Este penoso paisaje me recordó que en varios pasajes de la biblia se habla de un basurero publico ubicado en el sur de Jerusalén. En este lugar, no solo se arrojaban los cadáveres de los criminales y animales sacrificados, sino también los desechos de la ciudad.
La asociación entre Gehena, que era el nombre del basurero, y la condenación eterna se debía principalmente a las llamas que ardían constantemente para consumir los desechos. Una imagen de destrucción y muerte. Además, el hedor y la putrefacción que emanaban de este lugar añadían una sensación de horror y desolación que se llegó a asociar con un tormento eterno. De ahí surgió la idea del infierno para los pecadores.
Un basural cerca del cementerio, es como convocar a un infierno cercano. Algo debería hacer la comunidad al respecto porque es un espectáculo decepcionante. Pero, a la vez, nada mal para un cementerio al que le conviene pasar desapercibido.
Cuando llegamos vimos que en el antiguo portón había un cartel de cerrado. Nos sorprendió porque en el calendario hebreo no había ninguna conmemoración religiosa.
Debía ser necesariamente algo temporal.
No tenía yo otra fecha para visitarlo y estaba de paso en la ciudad, así que esperamos pacientemente la vuelta el encargado. Cuando llegó ni siquiera intentó una disculpa por nuestro tiempo perdido. Con soltura nos informó que necesitaba salir para aprovechar una oferta. Quedo claro que se manejaba a su antojo. La familiaridad con nuestros familiares fallecidos le daba ciertos permisos. Manejarse sin disimular su poca empatía era uno de ellos.
Acto seguido nos alertó que al vernos adentro otros se animarían a entrar. No vimos ningún auto por kilómetros, nos pareció raro el comentario, pero al rato se confirmó que tenía razón. El hombre, nos guste o no, conocía los gajes de su oficio.
Momentos después otros deudos estaban recorriendo el sector nuevo del cementerio. Todo esto sin hacer contacto visual con nosotros. En el cementerio rige un principio de privacidad del dolor.
El terreno no es muy grande y muchos de mis antepasados están en el lado más antiguo. Todas las tumbas miran a Jerusalén, la ciudad sagrada. Esto se debe a la creencia de que, en el momento adecuado, los muertos no dudaran hacia dónde dirigirse para su resurrección.
Me propuse tomar en serio el pedido de saludar y decidí pasar por donde están los restos de cada uno de mis parientes y observarlos con nuevos ojos ahora que yo también tengo la edad en que la muerte es una posibilidad cierta. Frente a ellos, es natural que surja un dialogo íntimo y silencioso.
Casi todos fallecieron antes de la era de la fotografía digital, así que imagino la dificultad de buscar entre álbumes de fotos una que pudiera ser apta para el recuerdo. Para perpetuar el rostro por generaciones. Algunas de esas fotografías, lamento, no han hecho honor a los rostros de mis seres queridos. Con ayuda de mi memoria fui sacando conclusiones de cómo vivieron, de que legado dejaron en el espíritu de sus parientes.
Mientras recorríamos las tumbas fui reviviendo emociones y preguntas de diferentes etapas de mi vida. En especial frente a la tumba de mi mama, donde siempre vuelvo a sentirme ese niño vulnerable de 10 años que tuvo que decir unas palabras, en su carácter de primogénito, en la ceremonia del entierro. Es inexplicable desde la razón, pero comprensible desde las emociones: el tiempo parece no haber pasado en ciertos instantes.
Pensé en mandar a hacer una placa con alguno de los tantos poemas que hice sobre ella. Falleció muy joven y esos versos me permiten tenerla presente a falta de otros recuerdos de momentos felices. Pero luego pensé que nadie hacia nada parecido y no quiero llamar la atención.
Acompañado por mi primo, sentía que nada malo podía pasarme. Cuando éramos chicos me llevó a descubrir lugares alejados de la severa mirada adulta, mucho más pudorosa que la nuestra.
Fue en la infancia que nos dijeron que las tumbas mirando al paredón entrando por la derecha habían hecho cosas malas. Nos prohibieron andar curioseando por ahí, no vaya a ser cosa que nos contagiemos.
Decían que eran mujeres de mala vida, usureros o ladrones. Incluso de suicidas, porque parece ser que a ningún ser humano le está permitido ser artífice de su propia muerte.
Sorprende que los marginados de la sociedad aceptaran estar de espaldas mirando a la pared. ¿Si vivieron al margen de la ley, porque no buscar otro lugar donde dejar sus restos? Es evidente que temían más a la otra vida que a los castigos en esta. O, bien, que sabían cómo lidiar con las cosas terrenas, pero ignoraban como manejarse en otros mundos. Estar de espaldas contra el muro es lo que les ocurre a los delincuentes cuando son capturados. Solo son liberados si tienen buenos abogados, no importa su culpabilidad. ¿Habrá abogados en lo que nos espera luego de la muerte física?
La verdad es que, aunque ocultos tras el muro, miran en la misma dirección que las otras tumbas, por lo tanto, una vez que llegue el Mesías y comience la resurrección, tal vez después de todo el resto, podrán llegar a Jerusalén. Eso no ocurriría enterrados en el cementerio de los gentiles. Querían asegurarse, por lo que descuento, pagarían bien caro ese curioso privilegio.
Nos animamos a ver cómo eran las tumbas de aquellos repudiados por la sociedad. Siempre me intrigaron y teníamos tiempo disponible. No hay nada tan seductor como ver algo prohibido. Las otras oportunidades en que visite el cementerio, aunque ya adulto, las había visto desde prudente distancia.
Ahora que nuestros mayores descansan del lado “bueno” del cementerio, no creo que se molestaran por nuestra ocurrencia. Ya no tenemos de quien ocultarnos. La “prohibición” era una de los tantos rituales que se generan en cualquier sacrosanto. Como salir por un sendero diferente del que se entró, o la prohibición de visitar a otros familiares fallecidos cuando se asiste a un entierro. Todas supersticiones que no están en la Tora ni el Talmud pero que la gente cree a pie juntillas que en algún lado está escrito y eso lo convierte en palabra santa.
Me anime a fotografiar las tumbas de los impuros. Las placas que dejaron sus deudos son tan amorosas o falsas como las que deja cualquiera de nosotros. Son tumbas indistinguibles de los miembros más probos de la comunidad.
¿Velaran sus parientes por ellos? Imagino que algunos de sus descendientes aun hoy usufructúan sus mal habidos bienes. Da para pensar, que posiblemente, se cambiaron el apellido para no dejar nada librado a las asociaciones obvias.
Pero, lo más importante, ¿dónde se entierran hoy los corruptos, los estafadores, los ladrones de guante blanco?
Registro que la última placa es de los años 70, son muchos años sin ninguna oveja negra a la que hay que enterrar de espalda. Algo debe de haber pasado para que la sensatez termine esta vergonzante tradición.
Veamos cada caso. Los usureros, a menudo, son ahora respetables banqueros. La mirada sobre los suicidas ha cambiado mucho. La condena ha dejado su lugar a la compasión. De las mujeres de mala vida no habría mucho para decir en los tiempos de la cancelación y del empoderamiento femenino. La costumbre, bastante absurda, por cierto, desapareció por el propio paso del tiempo.
A la vuelta nos esperaba mi prima. Ella es de aquellas personas que no le gusta hablar de la muerte ni de los muertos. En su fuero íntimo cree que nunca va a morir. Sueña con vivir eternamente. No es que no lo sepa simplemente no está dispuesta a aceptarlo. No quiere pensar que tendrá algún día que abandonar este mundo. Se aferra a sus pequeños hábitos, a sus cuidados, a su esperanza. Pero las palabras se escapan a veces de su celda y pregunta cosas como esta: “¿cómo estaban todos?”. Fuera de ese contexto estas palabras no se comprenden. Ante eso, como corresponde hacer con las personas que uno ama solo hay que hacer silencio. Tengo la certeza de que a la muerte no le importa lo que pensemos. La muerte es invicta. Habla cuando tiene que hablar y nada la puede hacer callar.
No hay duda que todos tenemos un cementerio flotando a nuestro alrededor, consientes o no, vivimos pensando en nuestros muertos. Nadie es del todo ajeno a estos pensamientos.
Pero, algo es seguro, mal o bien, en el cementerio estaban todos. Nadie se va de allí por sus propios medios.
_____________________________________________

____________________________________________
Greetings to All
So far, the deceased relatives of my maternal family are fewer than the living members who live in my hometown. The same city where my grandparents formed the family to which I proudly belong. There were those who observed that we must not be careless, and if young people continue to emigrate, it could affect the sacred equation. It would be an unpleasant surprise to have fewer living relatives than those resting in the cemetery. Since cremation is not permitted within Judaism, the calculation is simple. Surrendering oneself to the land is the way to purify the soul. Tradition says that it is unwise to defy fate.
There is no way to retain young people who think of seeking new horizons. We are descendants of the boldest, those who survived persecution thanks to their temerity in emigrating to these noble lands. They did not understand the local language, but where it was said that if you sow a seed, you will reap money. It’s true that they didn’t have much to lose in their countries of origin; staying meant enduring hunger and violence. The intrepid spirit remains in their blood, even when the landscape changes, and what’s happening was only to be expected. I’m sorry to say, but at some point these fears will come true, and fewer of the living will dwell in the southern city than those who rest in the cemetery.
Dizzy with these thoughts, I go to visit the graves of my deceased relatives. My cousin offered to accompany me; she describes herself as a serial cemetery visitor. She tells me that the Hebrew translation is beit chaim, the house of life. For her, it’s always a good time to visit them. She’s one of those relatives in every family who dedicates himself to honoring the memory of their ancestors.
When my cousin found out, she naturally sent me her greetings to everyone. I didn’t say anything so as not to offend her.
Jewish cemeteries are well maintained as long as there are mourners in the city who care for them. In those villages where almost no community members live, the few who remain hold the keys in case a distant relative feels the need to delve into their past. Or to welcome a curious lover of necrotourism.
Land is scarce, and cities grow wherever they can find space. The worst thing for a cemetery is to be in the middle of a town because it increases the risk of looters, who are always present. Or of entrepreneurs who need land for their investments.
This cemetery has been left far from the access routes to the city; nothing happens near that dirt road. Its neighbors are brick kilns, probably without legal authorization. And a large clandestine garbage dump without municipal control. Plastic bags, blown by the wind, end up caught in the fences of neighboring fields. This sad landscape reminded me that several passages in the Bible speak of a public garbage dump located south of Jerusalem. In this place, not only the corpses of criminals and sacrificed animals were dumped, but also the city’s waste.
The association between Gehenna, the name of the garbage dump, and eternal damnation was primarily due to the flames that constantly burned to consume the waste. An image of destruction and death. Furthermore, the stench and putrefaction emanating from this place added a sense of horror and desolation that came to be associated with eternal torment. From this arose the idea of hell for sinners.
A garbage dump near the cemetery is like summoning a nearby hell. The community should do something about it because it’s a disappointing sight. But, at the same time, not bad for a cemetery that wants to go unnoticed.
When we arrived, we saw that there was a closed sign on the old gate. We were surprised because the Hebrew calendar didn’t include any religious commemoration.
It must necessarily be temporary.
I didn’t have another time to visit and was passing through the city, so we waited patiently for the caretaker to return. When he arrived, he didn’t even attempt to apologize for our lost time. He casually informed us that he needed to leave to take advantage of an offer. It was clear he had his way. His familiarity with our deceased relatives gave him certain permissions. Being able to do so without hiding his lack of empathy was one of them.
He then warned us that seeing us inside would encourage others to enter. We didn’t see any cars for miles; we thought the comment was odd, but it soon became clear that he was right. The man, like it or not, knew the ins and outs of his job.
Moments later, other mourners were touring the new section of the cemetery. All of this without making eye contact with us. The cemetery is governed by a principle of privacy in grief.
The plot isn’t very large, and many of my ancestors are on the older side. All the graves face Jerusalem, the holy city.
Feminine practice. The custom, quite absurd, by the way, disappeared with the passage of time.
My cousin was waiting for us on our return. She’s one of those people who doesn’t like to talk about death or the dead. Deep down, she believes she’ll never die. She dreams of living forever. It’s not that she doesn’t know it, she’s just not willing to accept it. She doesn’t want to think that one day she’ll have to leave this world. She clings to her little habits, her cares, her hope. But sometimes the words escape from her cell, and she asks things like this: “How was everyone?” Outside of that context, these words are incomprehensible. Faced with this, as is appropriate with the people one loves, one must simply remain silent. I am certain that death doesn’t care what we think. Death is undefeated. It speaks when it must speak, and nothing can silence it.
There’s no doubt that we all have a cemetery floating around us, whether we realize it or not, we live thinking about our dead. No one is completely immune to these thoughts.
But one thing is certain, whether good or bad, everyone was in the cemetery. No one leaves on their own.
_____________________________

Libros de Jorge Santovsky/Books by Jorge Santovsky
“Revelaciones“ por la Editorial Huesos de Jibia 2010- Ciudad de Buenos Aires
“Revelaciones acerca de otras criaturas” por la Editorial Huesos de Jibia 2011
“Breves “por la editorial Colectivo Semilla 2013 de la ciudad de Bahía Blanca
“El sonido de la atención” Editorial Huesos de Jibia 2014 Ciudad de Buenos Aires
“La incomodidad” Editorial Huesos de Jibia 2015 Ciudad de Buenos Aires
Narrative: “Diario de un cuentenik” de la editorial Leviatán 2020
Mantengo el blog http://otrascriaturas.blogspot.com.ar/
_______________________________

_________________________________________________
One thought on “Jorge Santovsky- Escritor y empresario judío-argentino/Argentine Jewish Writer and Businessman–Una visita a sus parientes/A visit to his relatives”